
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Entrevista a Isaac Hernández, director general de Google Cloud para España y Portugal.
La inteligencia artificial generativa ha dejado de ser únicamente una herramienta capaz de responder preguntas o crear imágenes. En apenas unos años, se ha convertido en una tecnología transversal que empieza a transformar la forma en la que las personas y, sobre todo, las empresas se desenvuelven en su día a día. La IA actual, en el entorno empresarial, desarrolla software , atiende a clientes, protege sistemas, analiza información y automatiza procesos. Pero detrás de cada respuesta de un modelo, de cada agente autónomo y de cada nueva aplicación existe una enorme infraestructura de centros de datos, chips, almacenamiento y capacidad de cálculo.
La inteligencia artificial vive en la nube y, al mismo tiempo, está impulsando su crecimiento a una velocidad inédita.
Puede que precisamente por eso Google Cloud atraviesa uno de los mejores momentos de su historia . La división de nube de Alphabet alcanzó los 20.000 millones de dólares de facturación durante el primer trimestre de 2026, un 63 % más que un año antes, el mayor crecimiento registrado desde que la compañía comenzó a publicar sus resultados por separado. La IA empresarial se ha convertido ya en su principal motor, reforzando la posición de Google como el tercer gran proveedor mundial de infraestructura cloud , por detrás de Amazon Web Services y Microsoft Azure.
En España, la compañía cuenta desde 2022 con una región de nube propia en Madrid y trabaja con grandes empresas y administraciones en proyectos relacionados con datos, ciberseguridad, inteligencia artificial generativa y agentes autónomos. Su apuesta más reciente es una alianza con Telefónica para ofrecer servicios de nube soberana : la información permanece alojada en la infraestructura española de Google, pero las claves que permiten descifrarla quedan bajo el control de la operadora nacional. Un modelo con el que ambas compañías quieren responder a las exigencias de las administraciones públicas y de sectores que manejan información especialmente sensible.
Al frente de esta estrategia en España y Portugal se encuentra Isaac Hernández, director general de Google Cloud para Iberia y una de las principales voces de la compañía en nuestro país. Con él hablamos sobre el crecimiento del negocio, la posición de Google en la carrera global de la IA, el salto desde los asistentes que responden hasta los agentes capaces de actuar, su impacto sobre el empleo y los límites de la soberanía tecnológica europea. Hernández sostiene que la oportunidad es demasiado importante para dejarla pasar: “España no se puede permitir perder la ola de la inteligencia artificial”.
¿En qué momento se encuentra ahora la compañía y cuánto ha cambiado el negocio desde la llegada de la inteligencia artificial generativa?
Google Cloud es una de las grandes divisiones de Alphabet y de Google. Es responsable de la comercialización de las soluciones tecnológicas: todas las soluciones de nube, almacenamiento, datos y computación, así como las de inteligencia artificial. Es una división estratégica dentro de Google porque nos está permitiendo diversificar el negocio. Actualmente representa aproximadamente un 15 % de todo el negocio, según los últimos resultados trimestrales que presentamos, y mantiene un crecimiento muy saludable. En el último trimestre, Google Cloud fue a nivel global la división de Google que más creció, con un incremento del 63 % interanual. Uno de los vectores de crecimiento más significativos para la compañía está siendo, sin duda, todo lo relacionado con la inteligencia artificial.
¿Cómo se está produciendo ese cambio en España?
En mi opinión, Europa suele ir un poco por detrás de Estados Unidos tanto en la adopción de la nube como en la de la inteligencia artificial. Sin embargo, el mercado está invirtiendo en ello y vemos proyectos muy interesantes en todos los sectores. Tenemos ejemplos muy buenos en el sector financiero. Estamos trabajando, por ejemplo, en soluciones de inteligencia artificial para ayudar a los usuarios de sus aplicaciones a decidir qué tarjeta de crédito les conviene más. O para llevar Gemini al interior de las empresas, pero de una manera gobernada, con arquitecturas, barreras de protección y todas las herramientas de seguridad necesarias para integrarlo en una compañía y conectarlo con las aplicaciones de negocio. Tenemos también proyectos muy interesantes relacionados con la automatización de la atención al cliente, los centros de contacto y los asistentes digitales.
¿Las empresas llegan buscando inteligencia artificial y descubren que antes necesitan modernizar su infraestructura, ordenar sus datos y trasladar cargas a la nube? ¿O sucede al revés?
El potencial transformador de la inteligencia artificial es enorme en muchas facetas, pero especialmente dentro de las empresas. Hay decenas o cientos de casos en los que se puede aplicar la IA para cambiar o modernizar procesos, automatizar áreas de negocio, modificar la interacción de la compañía con sus empleados y proveedores o proteger mejor la organización. Quizá el ejemplo más significativo sean los equipos que desarrollan software . Gracias a la inteligencia artificial, están consiguiendo aumentar su productividad. Compartimos recientemente en Google I/O que el 75 % de todo el código que se realiza en Google se hace con ayuda de la IA y posteriormente es revisado por personas. Imagina la capacidad de producción que se proporciona a los equipos de desarrollo cuando se les ofrecen este tipo de herramientas. Esto ha llevado a que todas las compañías tengan planes estratégicos de adopción de inteligencia artificial. En muchas organizaciones existe ya la figura del chief AI officer . Lo que se busca es que la inteligencia artificial no se utilice simplemente porque esté de moda, sino que responda a necesidades reales de las diferentes áreas de la organización.
Aún así es innegable que la IA está de moda y en todas partes. Google llevaba años investigando en inteligencia artificial y contaba con modelos, centros de datos, chips propios y millones de usuarios. Sin embargo, cuando apareció ChatGPT, se instaló la percepción de que la compañía había reaccionado tarde.
Las credenciales de Google en inteligencia artificial son muy sólidas. En 2001 empezamos a utilizarla para los sistemas de traducción. En 2012 creamos Google Brain, que trabajaba con inteligencia artificial. En 2014 adquirimos DeepMind, que ahora es nuestro principal laboratorio de inteligencia artificial. En 2015, cuando prácticamente nadie hablaba de ello, desarrollamos nuestros primeros chips de inteligencia artificial. Habíamos llegado a la conclusión de que las CPU tradicionales no servían para determinadas cargas de trabajo que utilizaban inteligencia artificial dentro de Google y de que necesitábamos chips especializados en la gestión de tensores. En 2017 inventamos los transformadores, que son la base de toda la inteligencia artificial generativa. Pero tienes razón: llegó ChatGPT y, alrededor de 2023, surgieron dudas y rumores sobre Google. La realidad es que dentro de Google siempre nos hemos sentido cómodos. La inteligencia artificial forma parte de nuestro ADN y hemos ido invirtiendo en todas las capas de lo que llamamos el stack , la pirámide de soluciones. Esto nos convierte en la única empresa capaz de ofrecer chips, centros de datos especializados en inteligencia artificial, grandes modelos de lenguaje, aplicaciones y plataformas, además de integrar todo ello en las compañías de una manera eficiente, segura e innovadora.
Hubo un cambio radical con el lanzamiento de las primeras versiones de Gemini.
Sí. Fue entonces cuando Google empezó a liderar los rankings. Si observas nuestros resultados financieros y la adopción de Gemini App en el mercado de consumo, hemos superado ya los 900 millones de usuarios. Y esa es solo una aplicación. También está el impulso de soluciones como NotebookLM, que se ha hecho muy popular por sus capacidades. Hay ejemplos muy interesantes en España. No sé si conoces la compañía malagueña Magnific (antes Freepik). Es un orgullo tener una empresa española situada entre las principales compañías de inteligencia artificial generativa del mundo, con modelos aplicados a la generación de imágenes y vídeos. Es un gran socio de Google y utiliza muchos de nuestros modelos. Hoy ya no se cuestiona la posición de Google. Hace poco un cliente nos decía que veía a Google como «el adulto en la habitación».
¿Hablamos de responsabilidad?
Sí. Somos una compañía que no genera dudas respecto a cómo va a utilizar la tecnología. Tratamos de hacerlo de manera innovadora, pero también responsable. Cuando hablamos de empresas, estas valoran mucho que seas consistente, que no generes dudas, que avances con pasos sólidos y de acuerdo con la regulación y que ofrezcas todas las herramientas de seguridad. Un ejemplo es SynthID, la herramienta de Google que ayuda a los usuarios a detectar si una imagen, un vídeo, un audio o un texto han sido generados con inteligencia artificial. Estos pasos, destinados a asegurarnos de que ofrecemos la mejor inteligencia artificial y de que lo hacemos de forma responsable, nos han permitido ganar mucha credibilidad entre las organizaciones. Estamos trabajando prácticamente con el 100 % del IBEX 35 y con muchas otras compañías. Nos ven como una empresa sólida, con productos muy innovadores, que genera pocas dudas y que puede ser un buen compañero de viaje.
La adopción de la inteligencia artificial está impulsando el uso de la nube, pero quizá para el público general esa relación no sea tan evidente. ¿Por qué la IA necesita tanta infraestructura cloud?
La inteligencia artificial vive en la nube. Necesita soluciones de big data , y eso está acelerando los planes de migración de los clientes desde soluciones on-premise , es decir, desde servidores instalados en sus propias dependencias y bases de datos más convencionales, hacia una nueva generación de bases de datos vectoriales con las que la inteligencia artificial puede conectarse y aprovecharse al máximo. La inteligencia artificial vive gracias a la nube, existe gracias a ella y, al mismo tiempo, está alimentando y acelerando todos los procesos de transformación. De hecho, parte de los anuncios que hemos realizado tiene que ver con el lanzamiento de nuevas plataformas de datos agénticas. Cuando un ser humano interactúa con los datos, se generan determinados comportamientos. Cuando son los agentes los que interactúan con ellos, el volumen de peticiones, el paralelismo y la sofisticación hacen que la plataforma de datos tenga que estar preparada para un nuevo mundo en el que ya no es únicamente una persona la que consulta la información. Ahora hay humanos y agentes realizando esas consultas. Disponer de un stack optimizado y modernizado es vital. Esta suele ser una de las razones que explican por qué las compañías no han avanzado más rápidamente en la adopción de la inteligencia artificial.
¿En qué situación está la inteligencia artificial agéntica y, concretamente, Google en ese terreno? Una de las grandes preocupaciones para un público generalista es saber qué decisiones puede tomar actualmente un agente sin pedir autorización a una persona.
La inteligencia artificial agéntica ha llegado para quedarse. Evolucionar desde una inteligencia artificial que responde hacia otra que actúa y hace cosas por ti es un paso absolutamente fundamental. Pero, como bien dices, hay que darlo con cautela y establecer mecanismos de responsabilidad para que el poder que se entrega a un agente no genere problemas. En la industria se habla mucho, por ejemplo, de agentes que realizan un consumo desmesurado de tokens y que, por tanto, pueden provocar un impacto importante en los costes. Alguien lo comparaba con entregar tu tarjeta de crédito a un agente y permitirle hacer lo que quiera. Google está trabajando en este ámbito. Un ejemplo es el comercio electrónico agéntico y el desarrollo de protocolos. Tenemos el Universal Commerce Protocol , que busca que quien fabrica el producto, quien lo distribuye y quien lo consume puedan participar en un comercio electrónico más moderno y optimizado, pero con todas las garantías de seguridad para los distintos elementos. Hay que asegurar la identidad y garantizar que la transacción se quiere realizar realmente. En la inteligencia artificial agéntica es fundamental garantizar que el agente va a realizar únicamente aquello que le permitimos hacer.
¿Qué sucede cuando un agente realiza una compra que no es correcta o hace algo que no coincide exactamente con lo que quería el usuario? ¿Cómo va a responder Google?
Eso es precisamente lo que hemos incorporado al Universal Commerce Protocol : todas las garantías necesarias para tener una trazabilidad absoluta de lo que sucede y dejar siempre claro dónde se encuentran las responsabilidades. Se trata de generar un comercio electrónico agéntico de confianza. Eso es precisamente lo que hace UCP . Es un protocolo que ha lanzado Google, pero que hemos ofrecido a toda la industria. Estamos trabajando con los principales distribuidores del mundo y recibiendo las aportaciones de los medios de pago, de las empresas de comercio electrónico y, obviamente, de los consumidores. Queremos asegurarnos de que pueda desplegarse de una manera organizada y ordenada. Nos estamos preparando para el futuro despliegue de estas tecnologías en Europa, probablemente durante la segunda mitad del año. Existe mucho interés, no solo entre los distribuidores, sino también entre los bancos y otros medios de pago que quieren entender cómo va a trabajar el ecosistema.
¿Cómo le mejora la vida al usuario final?
La propuesta de valor para el usuario final es enorme. Puedes tener un agente capaz de explorar la web, buscar según los requisitos que le indiques y localizar, por ejemplo, un producto de una talla concreta, avisarte si baja de determinado precio o comprobar que reúna unas características determinadas. Disponer de esa capacidad agéntica puede aportar mucho valor.
La IA agéntica, sin embargo, produce otras dudas. Las empresas suelen presentar los agentes como herramientas de productividad, pero esa productividad también puede significar que una tarea necesite menos trabajadores. ¿Qué empleos o tareas profesionales cree que van a sufrir una reducción más visible de la demanda durante los próximos años?
Nosotros creemos firmemente en la capacidad de empoderar al ser humano. Consideramos que la inteligencia artificial debe proporcionarnos una especie de superpoderes. Esas capacidades se concretan de una manera diferente para cada profesional. Claro que tendrá impacto en determinados puestos, porque existe una posibilidad de automatización. Sin embargo, al mismo tiempo está generando muchas oportunidades, nuevos papeles profesionales, nuevos puestos de trabajo y nuevas habilidades. Creo que el mensaje importante debe ser el de la formación. Todos debemos prepararnos. Se repite mucho esa frase según la cual el riesgo está en no utilizar estas tecnologías y quedarse desfasado, igual que sucedería hoy si no supiéramos utilizar un ordenador personal o un teléfono móvil. La buena noticia es que en Google disponemos de una oferta bastante completa que permite que cualquier persona pueda formarse desde cero hasta alcanzar niveles muy sofisticados utilizando nuestras soluciones. Tenemos una plataforma de formación muy potente, disponible en español, que utilizan ya más de 100.000 personas y que, en este caso, es gratuita.
¿Es esa la clave de los próximos tiempos?
Es difícil prever exactamente cómo se va a producir el cambio, pero está claro que debemos prepararnos. Es lo que me está sucediendo personalmente y lo que, creo, nos sucede a todos: tenemos la sensación de que todo avanza muy rápido. Debemos estar cerca de la innovación e intentar comprender cómo puede ayudarnos tanto en lo personal como en lo profesional.
Hablemos de soberanía, porque es una de las cuestiones que más preocupan en Europa.
La necesidad de soberanía es patente. La demandan las empresas, las organizaciones y los países. Google lleva cuatro años trabajando en una cartera muy amplia de soluciones de soberanía. Para mostrar hasta dónde puede llegar, el año pasado se hicieron públicos dos acuerdos muy significativos. Uno fue con el Ministerio de Defensa británico y otro con su equivalente alemán. Utilizan un tipo de solución de nube de Google que denominamos ‘desconectada’ y que permite ofrecer todas las garantías de independencia, soberanía y supervivencia del servicio. No todos los clientes, usuarios y empresas necesitan ese tipo de solución. Es quizá el caso más extremo.
La soberanía de los datos fue también uno de los grandes temas del evento Cloud AI Live Madrid que celebrasteis el pasado mes de mayo, especialmente por el anuncio con Telefónica. ¿Qué problema concreto va a resolver esta alianza que Google no podía resolver por sí sola?
Lo que hemos firmado con Telefónica es una solución que responde a la siguiente necesidad: no queremos renunciar a utilizar una nube moderna, innovadora, con una cartera de soluciones muy amplia y competitiva en costes, pero, al mismo tiempo, queremos disponer de garantías de que la información está cifrada y de que las claves criptográficas no están en manos de Google ni residen en la misma nube. Eso es lo que conseguimos con esta solución, que denominamos data boundary , y que hemos firmado con Telefónica en España. Tendremos lo mejor de la innovación, pero con las máximas garantías de soberanía. La información reside en España (tenemos centros de datos en España desde 2022 y fuimos la primera compañía en ofrecerlos), pero además ahora, con Telefónica, no solo tendremos la información en territorio español y en centros de datos españoles, sino que estará cifrada mediante claves criptográficas que no residen en Google. Las claves serán gestionadas por Telefónica como empresa española de tecnologías de la información, con muchas capacidades en materia de ciberseguridad.
¿A quién se dirige esta solución?
Creemos que esto permitirá que las administraciones públicas y los entornos especialmente sensibles, por el tipo de información que deben gestionar en la nube, puedan utilizar esta solución con comodidad. No es la única solución de soberanía que tenemos, pero sí es muy significativa, resulta fácil de comprender y creemos que va a responder a muchas necesidades.
¿Habéis detectado ya interés?
Sí. Por ejemplo, el Servicio de Emergencias Canario, el 112 de Canarias, utiliza información sensible para atender todo tipo de llamadas de emergencia y ya está trabajando con este tipo de soluciones en la nube. También estamos trabajando conjuntamente con Telefónica con otras entidades. Están muy satisfechas porque consiguen no tener que renunciar a una nube innovadora y, al mismo tiempo, pueden hacerlo con todas las garantías.
¿Qué ocurriría si una autoridad estadounidense solicitara acceso a información alojada en esa infraestructura? ¿Puede Telefónica impedir técnicamente cualquier acceso sin su autorización?
Lo bueno de esta solución es que, aunque tuviéramos que entregar la información, no podría leerse porque está cifrada y las claves criptográficas están únicamente en manos de Telefónica. Eso es precisamente lo que resuelve la tecnología. Aunque la información esté en nuestra nube, para nosotros es completamente inexpugnable. No podemos leerla, ni nosotros ni nadie que pudiera acceder a ella. Solo puede hacerlo el cliente gracias a que las claves criptográficas residen, en este caso, en Telefónica.
¿Puede Europa aspirar a una autonomía digital real mientras la mayor parte de la nube, los chips y los modelos avanzados dependen de compañías estadounidenses?
El nivel de innovación en inteligencia artificial es enorme y se producen avances continuos. Es cierto que muchas de esas innovaciones se generan en Estados Unidos, pero no exclusivamente. Tenemos los modelos procedentes de Asia, como DeepSeek, y compañías y modelos europeos, como Mistral. En España también tenemos empresas como Multiverse. ¿Qué tratamos de hacer dentro de Google? Ofrecer nuestros propios modelos, pero también capacidad de elección. El usuario debe poder escoger el modelo que quiera. Tenemos lo que denominamos un ‘jardín de modelos’, en el que una empresa europea puede seleccionar la inteligencia artificial que mejor responda a una necesidad concreta. Habrá casos en los que considere que los modelos de Google son los más adecuados. En otros, decidirá utilizar modelos europeos o asiáticos. También puede optar por modelos de código abierto, un ámbito en el que Google dispone de modelos muy potentes. El último que hemos lanzado, Gemma 4, tiene un nivel de rendimiento muy alto y ofrece la novedad de que puede descargarse y ejecutarse directamente en un ordenador portátil, con acceso al código fuente. Ser capaces de ofrecer esa flexibilidad para elegir es algo que están valorando mucho los clientes.
¿Qué tendría que haber ocurrido dentro de un año para que podamos decir que esta nueva etapa de la inteligencia artificial ha supuesto una transformación real para las empresas españolas y no ha sido solo una nueva ola de expectativas?
El reto que me he planteado para mí y para mi equipo es que España no se puede permitir perder la ola de la inteligencia artificial. Cuando digo España me refiero a las organizaciones públicas, las empresas, las pequeñas y medianas empresas y los profesionales que trabajamos en cualquier sector, porque la inteligencia artificial nos afecta a todos. Lo que debemos hacer es intentar ser un buen compañero de viaje, una empresa que acompañe a las organizaciones para que aprovechen al máximo la inteligencia artificial. Queremos conseguir más empresas como Magnific: compañías que, desde España y utilizando la inteligencia artificial, puedan alcanzar un gran éxito mundial. También queremos organizaciones que puedan mejorar la atención al ciudadano o contribuir a mejorar la salud. Creo que durante el próximo lustro se van a producir avances muy significativos. Eso es lo que explican los últimos premios Nobel de Química y Física concedidos a personas que están trabajando con inteligencia artificial. Ojalá esta tecnología nos proporcione una mayor esperanza y calidad de vida y permita encontrar respuestas para todas las enfermedades a las que se enfrenta actualmente la humanidad.